El trastorno afectivo estacional es una depresión que vuelve con las mismas fechas: empieza en otoño o a comienzos del invierno, se queda hasta la primavera y remite cuando los días se alargan. No es la pereza de enero ni echar de menos el verano. Se diferencia del bajón corriente en que repite año tras año y en que, mientras dura, te quita energía, sueño bueno y ganas de las cosas. Tiene tratamiento, y cuanto antes se empieza en la temporada, más fácil es cortarlo.

¿Qué es exactamente la depresión estacional?

El nombre lo propuso en 1984 el equipo de Norman Rosenthal en Estados Unidos, al describir a un grupo de personas cuyos episodios depresivos llegaban siempre con el acortamiento de los días y se iban con la primavera. Hoy los manuales diagnósticos no lo tratan como un trastorno aparte, sino como un patrón estacional dentro de la depresión: los episodios tienen que coincidir con una época concreta del año, durante varios años seguidos, y remitir fuera de ella.

Ese matiz importa por dos razones. La primera, que lo que se trata es una depresión, con todo lo que eso supone, y no un simple desánimo pasajero. La segunda, que la estación no es la causa de todo: hay personas con depresión que empeora en invierno sin que su patrón sea estacional, y hay quien tiene el patrón al revés, con episodios en verano, aunque es menos frecuente.

Si quieres la visión de conjunto sobre los tipos de depresión y cómo se distinguen de la tristeza, está en qué es la depresión.

Cómo se nota: señales típicas del invierno

La versión invernal tiene un perfil bastante reconocible, distinto en parte del de otras depresiones:

  • Cansancio que no se va durmiendo. Duermes más horas y te levantas igual de agotado.
  • Más hambre, sobre todo de dulce y de hidratos, y cierto aumento de peso.
  • Retraimiento: apetece menos quedar, se cancelan planes, la casa se vuelve refugio.
  • Ánimo bajo y apagado, más de vacío que de llanto.
  • Dificultad para concentrarte y para arrancar las tareas de siempre.
  • Lo que antes te gustaba deja de compensar el esfuerzo.

La clave diagnóstica no es ninguno de estos síntomas por separado, sino el calendario. Si miras atrás y el hundimiento aparece cada año por las mismas semanas, eso es información valiosa. Merece la pena apuntarlo: en qué mes empezó, cuándo tocó fondo, cuándo notaste que remontaba.

¿Por qué pasa? Lo que se sabe y lo que no

La explicación más estudiada tiene que ver con la luz. Con menos horas de sol, el reloj interno que regula el sueño, la energía y el apetito puede desajustarse respecto al horario que llevas, y algunas personas son más sensibles a ese desfase que otras. También se ha estudiado el papel de la melatonina y de la serotonina, aunque ninguna de estas piezas explica el cuadro por sí sola.

Lo que suele contarse con más seguridad de la que hay es la relación con la latitud. La revisión de Magnusson sobre los estudios epidemiológicos encontró cifras muy dispares según el país y el método, y una relación con la distancia al ecuador mucho más clara en Norteamérica que en Europa. Es decir: vivir más al norte no garantiza tenerla, y vivir en España no te libra.

Hay además un factor psicológico que pesa mucho: cómo se interpreta el invierno. Quien lo vive como una amenaza que hay que aguantar tiende a retirarse antes, y esa retirada alimenta el propio bajón. Es el mismo círculo que describe la guía de depresión: menos actividad, menos cosas que den sentido, menos ganas.

Si te has ido a vivir más al norte

Una situación que vemos con frecuencia en consulta: personas que se han mudado de España a Irlanda, Reino Unido, Alemania, los países nórdicos o Canadá y que el primer o segundo invierno se encuentran con algo que no esperaban. Coinciden la falta de luz, el cambio de rutinas, la red social aún por construir y, a veces, un clima que empuja a quedarse en casa justo cuando haría falta salir.

En ese caso conviene separar dos cosas que se mezclan: el patrón estacional y el duelo migratorio. Las dos pueden estar a la vez, y las dos tienen trabajo propio. Si es tu situación, en la guía para expatriados están los artículos sobre adaptación, soledad y vuelta a casa.

¿Cómo se trata?

Hay tres vías con evidencia, que se pueden combinar según cada caso.

Terapia psicológica. La más estudiada es una adaptación de la terapia cognitivo-conductual para el patrón estacional. En el ensayo de Rohan y colaboradores (177 participantes), dio resultados parecidos a los de la luz durante el primer invierno. El seguimiento de los dos inviernos siguientes aportó el dato que más interesa a quien repite cada año: con la terapia hubo menos recaídas en el segundo invierno. Tiene lógica, porque lo que se aprende sirve para la temporada siguiente.

Terapia de luz. Consiste en exponerse cada mañana a una lámpara de luz brillante durante un tiempo pautado. El metaanálisis de Golden y colaboradores concluyó que reduce los síntomas de la depresión estacional de forma significativa. No es un aparato decorativo: dosis, horario y lámpara importan, y si tienes antecedentes de trastorno bipolar o problemas de vista conviene hablarlo antes con tu médico.

Medicación. En algunos casos se añaden antidepresivos. Esa decisión la toma un médico o psiquiatra, nunca un artículo.

Si quieres ver cómo planteamos el tratamiento psicológico de la depresión en formato online, está en terapia para la depresión online.

Qué puedes hacer ya, antes de que apriete

Lo que ayuda en otoño no es un truco sino un plan, y funciona mejor si lo haces antes de notar el bajón:

  • Sal a la luz de la mañana, aunque esté nublado: un paseo corto al empezar el día pesa más que una hora por la tarde.
  • Mantén horarios de sueño estables, también en fin de semana. Dormir muchas más horas rara vez devuelve la energía.
  • Pon en la agenda lo que te da algo, antes de tener ganas. En la depresión las ganas suelen llegar después de hacer, no antes.
  • No canceles todo. Deja al menos una cita semanal con alguien que no se negocia.
  • Apunta cómo estás cada semana. Te servirá para ver el patrón y para llevarlo a consulta con datos.

Ninguno de estos pasos sustituye un tratamiento si la depresión ya está instalada, pero son la base sobre la que se trabaja.

¿Cuándo pedir ayuda?

Merece la pena consultarlo si el bajón vuelve cada año y te cuesta trabajar, cuidar de ti o sostener tus relaciones durante esos meses; si notas que cada invierno empieza antes o dura más; o si lo estás tapando con alcohol, con pantallas hasta las tantas o encerrándote.

Y si aparecen ideas de hacerte daño o de no seguir, eso no espera a la primavera: en España el 024 atiende la conducta suicida las 24 horas, es gratuito y no aparece en la factura; también está el 717 003 717 del Teléfono de la Esperanza, y el 112 si hay peligro inmediato.

Si te reconoces en este patrón, puedes traerlo a una valoración gratuita de 25 minutos para ordenar lo que te pasa y decidir si tiene sentido empezar ahora, antes de los meses más oscuros. Las sesiones son online, así que da igual en qué país pases el invierno.

Esto es divulgación y no sustituye una consulta. Andrés Silvestre Gámez, psicólogo general sanitario, colegiado M-40811 (COP Madrid).

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo que la tristeza de después de Navidad o de la vuelta al trabajo?

No: el bajón de enero dura unos días y te deja funcionar.

La depresión estacional dura semanas o meses, afecta al sueño, al apetito y a la energía, y se repite con el mismo calendario año tras año. Si solo te pasa un invierno, lo más probable es que haya otra explicación.

¿Puede darse en España, con tanto sol?

Sí, aunque la relación con la latitud es menos clara de lo que se suele contar.

Pesan también las horas que pasas en interiores, el horario de trabajo y lo sensible que sea tu reloj interno a los cambios de luz. Hay personas en el sur de España con el patrón y personas en el norte de Europa sin él.

¿Me compro una lámpara de luz por mi cuenta?

Mejor no empezar a ciegas.

La intensidad, la distancia, el momento del día y la duración cambian el efecto, y hay situaciones en las que conviene supervisión médica. Coméntalo con tu médico de cabecera antes de usarla.

¿Tengo que esperar al invierno para empezar terapia?

Al contrario: el otoño es buen momento.

Empezar antes de que el cuadro se instale permite preparar el plan y llegar a los meses peores con herramientas. Y si ya estás dentro, no hace falta esperar a la primavera para pedir ayuda.

¿Se cura o vuelve todos los años?

Depende de cada persona, y nadie puede prometerte que no vuelva.

Lo que sí muestran los seguimientos es que el trabajo psicológico se asocia a menos recaídas en los inviernos siguientes, porque lo aprendido se aplica cada temporada.